La Majestuosidad de la Vida

Hoy en mi día 14/66 de mi rutina conecté con un recuerdo de hace dos años cuando viajé a Nepal. Viaje de diciembre a enero a Nepal. Fue un viaje maravilloso, lleno de aventuras, sorpresas y emociones.

Concretamente me vino a la mente un recuerdo de cuando estaba en medio de las montañas con una ONG trabajando para construir escuelas. Por las mañanas antes de que saliera el sol y todo el mundo se despertara en el campamento, me levantaba a hacer mi rutina de entreno y visualización.La sensación que a veces me daba en esas mañanas frías era de soledad.

Comenzaba a cuestionarme qué sentido tenía lo que estaba haciendo, porqué lo hacía, qué me impulsaba a exigirme tal disciplina. Me sentía extraño, diferente a las demás personas del campamento. También había cierta sensación de ser especial, de verme pequeño ante el mundo.

No todo era soledad, también conectaba con una sensación de admiración por el paisaje que había, de apreciar la luna en el cielo, el sonido del silencio, conectaba con la belleza del lugar, con la perfección del universo y la inmensidad de este.

Esa misma sensación volvió a mí esta mañana al hacer mi rutina. El frío de invierno, la soledad de la madrugada, el miedo reverencial ante la naturaleza y su poder, lo sagrado.

Es una sensación hermosa y al mismo tiempo aterradora. Una contradicción con sabor agridulce.

Gracias por leer este post, nos vemos en el siguiente. Un abrazo, Juanfer.

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