El duelo nos transforma

La muerte es parte de la vida y por ende hacer el duelo. La pérdida de un ser querido nos enfrenta a muchas emociones y sentimientos dolorosos: vacío, tristeza, rabia, incertidumbre, impotencia. Pero también nos puede ayudar a crecer y apreciar más la vida.

He aprendido mucho con la muerte de mi padre. Que él sigue vivo, que vive en mí y que me acompaña de alguna forma. He aprendido a soltarle, a aceptar lo que fue y no como me habría gustado que fuera. Antes sentía mucha más frustración y rabia contra la vida, contra él, contra mí mismo. Ahora he podido integrar un poco más su partida.

Depende de la situación de la muerte el duelo puede ser más o menos complicado. También entran en juego la relación que teníamos con la persona y nuestra personalidad. Todos son dolorosos, pero cada uno tiene unas características diferenciadas. Muerte por enfermedad, muerte inesperada, por vejez, otros tipos de muertes traumáticas, etc. En mi caso fue una muerte inesperada: un accidente en moto.

He tardado 14 años en digerir este evento doloroso. Una cosa debe quedar clara, es para toda la vida. Aunque la persona (familiar, pareja, amigo, conocido) ya no esté físicamente, la relación no termina aquí. La relación sufre una transformación. Nos relacionamos con su ausencia, con su recuerdo. Las emociones hacia la persona no desaparecen sin más. Todo esto hay que procesarlo y digerirlo lentamente. Cuesta, es doloroso, pero al final todo se va acomodando en su sitio.

Evitaba pensar en él, hablar de él, mencionarlo, darle un lugar en mi vida, y al mismo tiempo quería que estuviera presente. Ahora me doy cuenta que había una ambivalencia en mí. Un quiero y un no quiero. En vida, mi padre me dejó dos lados suyos: uno que me dolía y me alejaba de él, y otro que amaba y me acercaba a él. Poder integrarlos ha sido un trabajo largo pero nutritivo y fructífero para mí. Aceptarle tal como fue en vida me ha permitido ponerme en paz con su partida y con el recuerdo que tengo de él.

Si trabajamos esta nueva relación y superamos el duelo (que es un trabajo para toda la vida, pero cada vez más suave y llevadero) la sensación de paz y gratitud nos inundan. Al menos así me siento yo, muy agradecido y más tranquilo.

Muchas gracias por leer el post. Te invito a seguirme en mis otras redes sociales.

Nos vemos en el próximo post. Un abrazo!

Photo by CHIRAG K on Unsplash

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